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Un día en el instituto

Amanece un día más en el Instituto de Permacultura Montsant, uno más de esta cuarta semana de las diez que pasaremos en nuestro aprendizaje. Anoche nos asustábamos de lo rápido que pasan los días. El tiempo vuela.

Si bien ninguna jornada es igual a otra, sí que tenemos una rutina establecida.

Somos un grupo de ocho aprendizes de orígenes y trayectorias diversos, bien avenidos y con buen humor.

Empezamos la mañana ajustando los ritmos en el desayuno en nuestra casita, una vez que han sido atendidas las gallinas por los encargados de las mismas durante la semana, pues es labor rotativa. Ellas- las gallinas- suelen estar de buen humor matinal y reciben la visita con ansia de grano y agua fresca.

Una vez desayunados y listos, subimos hacia la sala que nos sirve de aula, biblioteca,zona de estudio y conexión a internet, etc. que está en una zona más alta de la finca, anexa a la casa principal (la casa de Inés y Richard, los artífices de todo ésto).

Allí, a las ocho de la mañana, nos desperezamos y nos sacudimos los restos de sueño con unos estiramientos que nos preparan para el trabajo. No hay día que no nos echemos unas risas con las ocurrencias de unos u otros.

Ya estirados y prontos para el trabajo, se reparten las tareas de la mañana.

En semanas anteriores dos personas y ahora sólo una, de forma rotativa, se encarga de cocinar para todos.

Para el resto, la mañana discurre trabajando en diferentes cosas: preparar la tierra, hacer compost, reparar estructuras, construir, sembrar… y todo lo que está por llegar.

Los trabajos se realizan en la finca misma o en otra algo más alejada y de características diferentes.

Nos permitimos un descanso a media mañana para reponer fuerzas y nos sirve también de punto de encuentro.

Sobre la una de la tarde, suena nuestro código (uuuuhuhuhuhuhu) que llama a compartir la mesa, es el momento de sentarse y disfrutar de los productos de la huerta, bien frescos y preparados por el cocinero/a de turno (nuestra visita al “supermercado” pasa por coger una cesta, cuchillo y pala e irse a recorrer la huerta con la mente abierta y buscando inspiración).

Puede decirse que ,tanto los que ya sabían algo como los que apenas tenían experiencia aprendemos cada día nuevas formas de cocinar y comer, por no hablar de los descubrimientos en cuanto a cosas comestibles que antes ni sospechábamos- la dieta se compone básicamente de productos frescos de la huerta, cereales, legumbres, huevos y lácteos, aunque no renunciamos a algunos extras-.

A las tres de la tarde comienzan las clases,tras una sobremesa breve que cada uno aprovecha como prefiere.

Las clases, porque de alguna manera hay que llamarlas, son en el aula/biblioteca, bien con Inés, bien con Richard y son el contenido del Certificado de Diseño en Permacultura, aprendemos la teoría de lo que hacemos en la práctica por la mañana, es el método de aprender haciendo.

Las clases pueden ser una charla, un paseo por la zona, una actividad… alguna vez se sustituyen por una labor urgente o trabajo necesario en el momento.

También a media tarde hacemos un descanso breve y luego continuamos hasta las siete.

Después nos queda algo de tiempo para nosotros: que si colada, que si estudiar, que si repasar apuntes, organizarse, la limpieza básica (el aseo clivus), la ducha (solar o de leña), algunos hasta echan un partidito.

Y así son nuestros días sencillos, sin necesidad de frigorífico, ni lavadora, sin televisión, con energía solar, agua de manantial… y un ambiente de avidez de aprender, de charlas sobre ésto o aquello, anécdotas de unos y otros, distintos acentos y lenguas maternas, bromas y proyectos, alguna clase extra espontánea, ganas de una banda de música y mil cosas más.

Definitivamente, los días se nos quedan cortos.

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Publicado por en mayo 11, 2011 en El instituto